Durante el segundo trimestre pasó algo que conviene mirar de cerca. Hasta el año pasado, las grandes tecnológicas financiaban sus centros de datos con la caja que generaban sus propios negocios. Ya no: Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle invirtieron en conjunto USD 192.000 millones en el trimestre, y buena parte de esa diferencia entre inversión y flujo de caja operativo la cubrieron con deuda. En apenas seis meses, el endeudamiento financiero conjunto de estas cinco compañías pasó de USD 312.000 millones a USD 486.000 millones.
El giro hacia el financiamiento con deuda
El desbalance entre inversión y generación de caja ya no es marginal en varias de las compañías líderes del rally de inteligencia artificial:
- Amazon: invirtió USD 54.200 millones en el trimestre, pero generó USD 45.400 millones de caja operativa.
- Alphabet: invirtió USD 44.900 millones frente a USD 39.100 millones generados.
- Meta y Oracle quedaron en una situación prácticamente empatada entre lo invertido y lo generado.
- Microsoft es la excepción: todavía sostiene sus inversiones con un margen cómodo de caja propia.
El compromiso hacia adelante es aún mayor: entre las cinco compañías acumulan más de USD 1 billón en arrendamientos de centros de datos ya comprometidos pero todavía no iniciados, lo que sugiere que el apalancamiento del sector seguirá creciendo en los próximos trimestres.
Ganancias que no siempre son lo que parecen
Los resultados del trimestre también merecen una lectura fina. Alphabet mostró ingresos +24% y resultado operativo +30%, pero su utilidad neta saltó 300% — un salto impulsado en gran medida por USD 98.000 millones en resultados no operativos, no por el negocio central. Algo similar ocurrió con Amazon, que registró +20% en ingresos y +43% en resultado operativo, pero sumó USD 53.400 millones de resultado no operativo a su balance. Meta, en cambio, mostró la otra cara: ingresos +28%, pero utilidad neta -14%, al no contar con participaciones accionarias para revalorizar como sus pares.
La macro y la Fed
En paralelo, la inflación en Estados Unidos cedió a 3,4% interanual (desde 4,2% en mayo), con la medida núcleo en 2,5%. Julio cerró con una pérdida neta de empleos. Ante ese cuadro, la Fed mantuvo la tasa sin cambios, aunque tres de sus miembros votaron por subirla — un mensaje que refuerza la expectativa de que no habrá una nueva alza en septiembre.
Tasas largas bajo presión
El bono a 2 años prácticamente no se movió desde junio, pero el tramo largo de la curva sí sintió el impacto: el bono a 10 años subió con claridad y el de 30 años superó el 5,25%, su nivel más alto en casi dos décadas. La explicación combina dos fuerzas compitiendo por el mismo comprador: la oferta creciente de deuda del Tesoro y las necesidades de financiamiento de las tecnológicas para sostener su carrera de inversión en infraestructura de IA.
Escenario base y riesgos a monitorear
Cohen proyecta que el bono a 10 años se mueva en un rango de 4,75%-5,00% y que el de 30 años se mantenga por encima de 5,25%, con la Fed sin tocar la tasa de referencia en lo que resta de 2026. Los riesgos que más de cerca siguen son tres: el energético (con el Estrecho de Ormuz cerrado y la reserva estratégica de EE.UU. en mínimos desde 1982), el monetario (un posible sesgo más duro de la Fed) y el de resultados (si el patrón de utilidades infladas por partidas no operativas se repite en los próximos trimestres).
Frente a este escenario, la recomendación de posicionamiento es clara: preferir calidad sobre rendimiento, y liquidez sobre duración.